21 agosto, 2010

Azkena Rock Festival – 2010 - Sábado


Realmente el nombre de Bob Dylan fue el único que me animó “en serio” para ir a esta festival. Si hacemos la comparación odiosa con el Primavera de Barcelona, definitivamente el Azkena sale perdiendo. Igual, yo quería ver al tío Bob, estaba bueno conocer el país Vasco y un viaje es un viaje. Así que sin pensarlo demasiado compré mis billetes de tren, mi entrada para un día de festival y me fui para Vitoria.

Vitoria es una ciudad no tan grande,  no goza de atractivos especiales, pero sí es ordenadita a más no poder. Tampoco es un símbolo español, ciudad de vacaciones o cosas así. Lo  que me hace pensar, como demonios hacen para realizar un festival de proporciones regulares (porque el Azkena lo es). Han llevado antes a Pearl Jam y ahora esta Dylan. ¿cómo?

En fin, todo bien con la ciudad, lo bares, los pintxos y lo verde. Cruzando todo esto con el mundial de futbol diré que la pasé bien y en paz. Sobre el festival, pues fui el sábado, había sitios de camping, mucho hippy, y esas cosas, pero todo muy, pero muy ordenado, un orden escandaloso diríase. “Hay que aprender cosas” pensaba para mis adentros.

El plan era simple, ir directo al recinto de Dylan con una hora de anticipación, y mientras llegaba ello, ver souveniers, discos, y esas cosas que nunca faltan en estos eventos. Y ver que sucedía luego.

No contaba con la lluvia, no pensé que llovería, normalmente no llueve en esas épocas ¿no?, digo, en Madrid no llovía, y finalmente si llovía pues que carajo, a mojarnos un pelin y ya. Por último hay gente que disfruta de la lluvia, no estoy seguro si yo también, y menos en un concierto, pero podía correr el riesgo. Francamente y por último me jodía tener que cargar mi paraguas.

Me planté en la audiencia con un vaso grande de cerveza y veía a unos músicos previos bastante normales tocando cosas country animadas, había gente con el cabello engominado y ropa a lo James Dean, habían chicas lindas, habían chicas de la old school, era raro, pero todo iba bien.  Entonces empezó la lluvia. 

No fue gran cosa, algunos se cubrieron, algunos otros nos mojamos, los previos finalizaron, la lluvia también y salió Bob Dylan. Para esto ya estaba yo conversando cosas con un dylanomano y su chica (quien estaba bastante olvidada por el tipo). El tipo estaba temblando de pura emoción de ver a su dios, y estaba algo trastornado en realidad, pero algunos datos rebuscados soltaba de cuando en cuando y sin que le preguntara: que esta canción es de este disco, que tiene mas de 70 álbumes entre compilados, que el Blonde on Blonde es el mejor, que estuvo 17 veces en España, etc. Arriba en el escenario, Bob Dylan, elegante con sombrero blanco, y su joven banda también sobria, se paseaban a sus anchas sabiéndose frente a una audiencia que lo aguanta todo, desde vocalizaciones increíblemente malas y borrachines, hasta una indolencia y despreocupación de quien no necesita demostrar o ganar nada más en la vida. No había “thank you”, no había “this song is ..”, no había nada, salvo las canciones.

Pero esas canciones eran suficientes, porque sonaron muchas del Blonde on blonde, del Highway, del Blood, del Desire, es decir sonaron aquellas canciones que hicieron que Dylan sea un indiscutible genio de la música de ya varias generaciones. Eso, que no es poco, era suficiente para todos nosotros. Y aunque esas canciones estuvieran desarmadas por las vocalizaciones cansadas del maestro, y aunque no fuese un gran concierto (incluso habiendo sido bueno en términos de los conciertos de Dylan), y aunque no le recomendaría  a alguien el verlo en vivo, estuvo bien asistir, al menos una vez en la vida.



Luego de Like a rolling stone y hacer una reverencia al público, la banda se fue para seguir girando interminablemente por el mundo, como desde hace mucho años. Y para nosotros la lluvia volvió. Pero esta vez en serio.

Tenía intenciones de ver a los HIves un par de horas después, pero con esa lluvia no. Resolví en irme, pero tendría que espera que la lluvia se vaya o al menos amaine. Empapado me oculté como muchos cerca del baño y desde ahí, mientras veíamos a Chris Isaak, y entre conversaciones surrealistas entre todos, los minutos pasaban hasta que el (buen) concierto de Isaak terminó, casi junto con la lluvia. Era entonces tiempo de irme, pero antes estaría bueno una chela. Y porqué no, ver un pedacito del show de los Hives quienes armaban tentadoramente sus letras H-I-V-E-S en el mismo escenario de Isaak.

Iba a verlos unos 10 minutos mientras se vaciara la cerveza y terminé queriendo más; iba a ver su performance calmadamente y terminé casi pogeando con la manada; me gustaba Hate to say I told you so y terminaron gustándome casi todas sus canciones. Es que estos tío son sencillamente espectaculares en vivo, hacen de brutos de manera que no sabes si lo son, o es su negocio pero igual terminas aceptando la oferta. Una cosa de dementes, pero con una puesta en escena exclusiva para ellos, y un equipo técnico detrás que hizo que la locura se consumara profesionalmente. El show terminó por ponerle el grado de emoción y sorpresa que me iba a faltar si me iba antes de ellos. En una palabra, un show DePutaMadre. Si van para Lima yo llevo hasta a mi sobrina pa’ vacilar con Main offenderrr.




Me fui a casa caminando, pensando en pocas cosas. Esta vez me iba tarareando algún par de canciones. El Azkena se había acabado para mi.

Read more...

Primavera Sound Festival 2010 - Sábado

 

 

 

 


Después de pasearme por sus calles repletas de turismo, fotografiarme con estatuas humanas, probar unos montaditos, y echarme a tomar una siesta en un pasto cercano al mar a fin de para recuperar algunas energías que me sirvieran para las siguientes horas de recital, enrumbé hacia el Parc de Forum de Barcelona para lo que sería el último día (grande) del festival.



Mientras hacía la cola para ingresar, escuchaba una canción que hubiera preferido escuchar desde dentro. Me entró ansiedad de entrar ahí mismo, y cuando lo hice, seguí el rumor de aquella bulla y caí directamente al escenario Pitchfork. El flaco Bradford Cox ya estaba haciendo su papel de Atlas Sound.


La verdad que sonaba bastante mal. Debía ser el escenario con peor sonido. Igual poco importó eso porque al final Cox inundó sin pedir permiso todo el aire con su guitarra de palo, armónica, efectos de pedal y voz. El solito hizo todo, como un Bob Dylan jovencísimo y adaptado a los tiempos. Lo hizo todo y lo hizo genialmente. Cuando sonaba me preguntaba ¿cómo diablos generaba esos efectos tan bien sincronizados desde únicamente sus pedaleras?, es decir, las secuencias, ruidos, acoples, y todo aquello que generan, por decir, 3 personas normales, esta vez los generaba tan sólo un tipo larguirucho. Era demasiado, y la sensación de performance pobre que me temí cuando de entrada lo vi, parado y sin banda de soporte, se me fue desvaneciendo rápidamente mientras lo oía. Y habrían unas 4 mil personas en lo mismo, todos estábamos capturados por ese punto central de atención, por ese imán que en los intermedios se preciaba de un carisma y amabilidad que rozaban la inocencia, (decía “thank you guys”) la misma que uno no se espera después de escuchar los discos de Deerhunter o Atlas Sound que más rozan con la locura.

Al menos para mí esta claro, Cox es el genio de nuestra era, nos venció a todos en ese escenario y realmente nos dejó queriendo más. y sus canciones, las del disco Logos se mezclaron con algunas otras que no conocía pero que tuvieron exactamente el mismo efecto hipnótico que todas. ¡Si ya quiero conseguirlas todas!



Habría luego un hueco de casi 2 horas en el que podría haber visto algunas performances, pero sabiendo que al final cerraría la noche con Orbital, opté por tomármelo con calma y pasear por ahí. Incluso salí por algo de dinero y comida pues dentro la cosa era bastante cara. Así compré el polo del festival, tomé fotos, probé kebab, etc.

Y me senté en tribuna, tranquilo, bien acomodado, para ver a los Grizzly Bear. Una banda que nunca me terminó de gustar, pues si bien los discos Yellow House y Veckatimest se precian de calidad musical, variedad instrumental y complejidad en arreglos, no es algo que me ponga loco cuando los escuche. Pero por lo anterior bien merecían la atención. Así, iniciaron la performance, sonaron una tras otra las canciones, y en un momento dado ya me encontraba disfrutando de su sonido. Veía que adelante algunos fanáticos trataban de ondear las manos al ritmo de sus canciones más conocidas, llámese Two Weeks, tarea difícil claro esta, pero con unas cervezas encima todo parecía posible.  La banda es muy profesional en lo suyo, con una correctísima ejecución, poniendo muchos silencios y pausas en medio de las canciones que lograban silenciar a la audiencia que de otra forma tendería a estar bulliciosa, como en el resto de conciertos (pues para habladores los españoles). Es decir, la propuesta de los de Brooklyn cuajaba, y todos participaban en el mundo Grizzly. Los mejores momentos y como en sus discos, los tremendos coros que se hacían Daniel Rossen, Ed Droste y Chris Taylor muy concentrados al micrófono los 3 y dándole una buena ración de calidad musical al festival.  Definitivamente un buen acto.



Seguí la marcha, y esta vez llegue temprano para ver a los Built for Spill. Me acomodé adelante, luego de ir por una cerveza. 

Como banda, le quitas al cantante Doug y el resto queda con un aspecto más agresivo, casi grunge. Pero este vocalista/guitarrista semi-calvo de eternos polos resinosos y ajados tiene al fin un aspecto que suaviza al resto. Aunque se la pasara molesto en el show por supuestos monitores que le reventaban los oídos. “hey dude, seriously, low down my monitors”.  Y tal parece que este líder serio y afable a la vez, es quien lleva a la banda a transitar estilos que a veces son lanzas directas al corazón de tan intensos que son,

El rock de BTS es guitarrero total pero no a decir basta, sino, a decir quiero más. Y su concierto se limita a canciones tras canciones, que te llenas de guitarra. Luego en un momento te topas con temas tan logrados como Go against your mind o Carry the zero, que se precian de usar sabiamente notas musicales que “nunca fallan” hasta llevarlas a niveles de emoción que se agradecen. En el momento final de Carry the zero  con su alargado llanto de guitarras se me hizo un nudo en la garganta de la emoción de lo bien que la estaba pasando envuelto en esa noche de rock, gente, guitarras y Barcelona. Era la última canción, cerré los ojos y lo absorbí todo hasta que el show se acabó,  no hay más que decir.


Y cuando salí del show, yendo a sacarme el clavo con los Pet Shop Boys (a quienes no pude ver en Lima) todavía un poco emocionado por lo hecho por BTS, sentía una felicidad rara, de esas que son poco intensas pero son. 

A estas alturas los PSB son respetados por todos lados. La propuesta visual de su show “Pandemonium” es intachable: cubos, colores, y bailarines. Todos sincronizados a la perfección, bailando al ritmo de la música de este dúo tan talentoso como profesional. La verdad es un espectáculo de calidad casi teatral que estalla de energía y luces con superclásicos discotequeros de toda la vida como New York city boy, Go west, Always on my mind. Todos bailamos, todos nos vacilamos, y todos admiramos a los artistas, ¡Qué calidad de banda! ¡Qué calidad de Show! ¡Qué calidad de festival!.

Pero me tenía que ir rápido, y estaba tan cansado que me dolía. Tocaba Orbital al lado, y tenía que estar adelante. 



Cuando llegué al escenario San Miguel, debía de haber unas 100 personas. Fue cuando me di cuenta que me había apurado un poco, todos aún estaban bailando con los PSB. y otros optaron por ir a ver a los también excelentes The Field, Igual yo necesitaba descansar.

Media hora después, la manada ebria, agitada y exhausta de buenos momentos empezó a llegar, y rápidamente éramos unas 5000 personas listas para el fin de fiesta con el dúo inglés. Yo me encontraba adelante, y me refiero a tocando la baranda, rodeado de gente que tenía ganas de conocer gente, bailar, beber y fumar con gente a quien no necesariamente conociera minutos atrás.

Lo de Orbital, lo soporté de pié sólo porque eran ellos y sus consolas. Fue genial verlos frente a mi, a pocos metros, y escuchar su poderoso sonido, aquel que tanto me entusiasmó en sus discos iniciales. Me sumergí en los beats, en el baile, el jaleo, el bullicio, los canticos sobre lo ininteligible, en las luces, los estallidos, etc. Esas cosas típicas de un show electrónico tantas veces sobrevaluado pero que esta vez estaba siendo llevado por auténticos dinosaurios del genero, los verdaderos creadores de la cultura rave. Lo demás son huevadas/boludeces/gilipolleces.



Era un sábado por la noche en la madrugada de domingo y era así como lo estaba pasando, muchos kilómetros de casa, la primera y la segunda. Las cosas no habían cambiado demasiado al final de cuentas.


IMG_0388


Siempre recordaré este evento como el primero en que vi tantos artistas reunidos, como uno de impecable organización, como un espacio de música, libertad y paz. Justo lo que nunca falla.

Read more...

08 junio, 2010

Primavera Sound Festival 2010 - Viernes

 


Me gustan los conciertos en los que la banda se va apoderando de tu deleite a punto de sólo música. Cuando nada esta pre condicionado, cuando no hay fanatismos adicionales, cuando esperas claro, escuchar las canciones que te gustan, pero no necesariamente esperas terminar encantado. Sólo vas y dices: “bien me gusta la música de este grupo, así que iré a pasar un buen rato mientras me bebo una cerveza y luego proseguiré mi camino”.

Pues bien, me pasó eso con Spoon.

Mientras ya habían iniciado su show, me encontraba llegando al escenario San Miguel, uno de los 7 escenarios habilitados para este festival, de hecho el más grande y por el cual desfilarían las bandas más populares (si es que cabe tal término dentro de este siempre anti populista mundo del Indie). Aún era de día, y el ambiente era preparativo, no habían fanaticadas exageradas, grupos enloquecidos, o cosas así. Todos estábamos como escobitas nuevas, listos para gastarse un pelin menos que quedar muertos antes de tomar el metro a casa. Me tomé mi tiempo para tomar unas fotos en los alrededores, escenario, gente;  que me tomen un par de instantáneas a mi, frente al escenario, ya sabes, esas cosas que tienes que hacer cuando sabes que estas en un lugar en el que tranquilamente podrías no estar. Y todo ello mientras Spoon sonaba ya por su tercera canción. Claro, no les era indiferente, tamborileaba con los pies al ritmo de su siempre impecable ritmo, y no era el único, todos de alguna manera éramos presa de un sonido audaz que lograba colarse en nuestras cabezas aún cuando no le estuviéramos favoreciendo con la atención debida.


Tal sonido empezaba  a asentarse mejor en la tarde, o noche, difícil de definir en un clima como el español donde oscurece casi a las 10 de la noche, por eso la banda estaba haciendo básicamente un concierto a la luz del sol. Sonaban canciones del Ga ga ga, del Kill the moonlight, mientras sus límpidos y efectivos toques de bombo: secos y graves, inundaban a la audiencia como es debido. Los conciertos al aire libre siempre tendrán  ventaja acústica respecto de los lugares cerrados o incluso los estadios, y casi siempre sonaran bien. 
Todo Spoon estaba sonando de maravilla, y de pronto pasa el vendedor de cervezas en carrito, surfeando pacientemente y con bandera izada (que de noche tiene además una luz roja) en medio de la gente que siempre lo recibía con gracia. El sujeto tenía la cara más buena onda que haya visto, y parecía incluso gustar de la banda.  De hecho mientras el tipo movía el cuerpo alegremente al ritmo de My little japanese cigarrette case (tarea no tan difícil eh) me le acerqué a pedirle una cerveza heladita y a partir de ahí con el vaso en mano, todo fue genial. Pasaban una tras otra las canciones de la banda, mientras el gusto mío (y puedo apostar que el de la gran mayoría) fue en un ascenso directo y sin pausa. En un momento me dije “no podría tener un mejor inicio de festival”. Cuando llegaron Don’t make me a target o Cherry bomb podría haber dicho perfectamente que ni siquiera las necesitaba. Ya cuando finalizaron con un contundente Small takes y ese órgano que sólo Spoon lo puede tener (ver video) a escenario iluminado por primera vez, pensaba que incluso podría ser el mejor concierto que vería en ese día. Así de buenos fueron en vivo.




Este Primavera Sound Festival tenía este 2010 un line-up impresionante. La cantidad de bandas entre nuevas, hypes y consagradas que la conformaban era más que justa. Ni demasiado ni poco. Por supuesto, demasiado sería el Glastonbury, y poco sería, bueno, la mayoría de festivales que suceden en todos lados ¿no?. De manera que debía estar ahí, si o si.

 



Pero no pude estar el jueves con la desafortunada pérdida de Pavement,  Tortoise y Superchunk. Y el viernes llegué un cachito tarde, perdiéndome a los Pornographers (aunque tampoco es que me gusten demasiado) mientras Javiera Mena ya estaba iniciada en el escenario Myspace. Un escenario de lo más austero pero perfectamente distinguible desde la entrada. Digamos, todos debían necesariamente pasar por ahí.



Cuando llegué, unas 400 personas escuchaban atentamente a esta chilena nueva para ellos, pero conocida en Latinoamérica desde que sacó su debut Esquemas Juveniles y se lanzó de gira para promocionarlo. Ella hacía lo suyo, como siempre ofrecía su música esperando que al menos unos pocos puedan picar el anzuelo. El minimalismo fue la bandera, un teclado y una guitarra fueron todo lo que hubo. Entiendo que no más de 6 canciones salieron de sus lindos labios esta vez (por disposición de ese escenario) y a mi me gustó. No se por qué exactamente, pero me gustó. Quizá fue bueno verla en España a la luz del día, compartiendo tremendo cartel; quizá sus canciones me sonaron bien para este momento cero de festival; quizá ver que a la gente le  gustaba, quizá la combinación de ello. El punto es que salió bien, y sonó bien. 

Me fui a ver a las siempre tentadoras Cocorosie, no puedo decir que me gusten bastante, pero hay algo en su sonido que se deja escuchar. De alguna manera los ademanes de las Casady tienen un efecto imán. Pero no diré nada si piensas que son unas absurdas hippies sin talento. Palabra.


Y sí, me quedé prendido una media hora a ellas. En el escenario Ray-Ban, auspiciado por ¿adivina quienes? las hermanas y un puñado de músicos poco convencionales hacían su brujería sonora mientras se proyectaban en las pantallas laterales, donde se podía ver que Coco y Rosie andaban bastante cómodas recibiendo una buena ración de respaldo de la audiencia. Unos 4000 inquietos que trataban de hacer algo con esa música. La mayoría de mujeres bailaban como si estuvieran en Woodstock, los chicos fumaban algunos porros, miraban a la nada, conversaban alegremente, y cosas por el estilo. Creo que en balance anduvo bien eso.



Pero debía irme a ver a Beach House. Todos debían ir a ver a Beach House.

Mientras me iba a ver a Beach House hacia el otro extremo el forum, veía que una pantalla en el camino proyectaba imágenes del concierto de Cocorosie. Grupos de personas en posición muy cómoda, fumaban y bebían sobre la hierba justo enfrente de la proyección, mirando ese show silente cual trasnochador en casa que no quiere despertar a la familia.  Se veían nítidamente las caras de las hermanas mientras hacían sus gestos raros, estaba bueno eso para tomarse un descanso haciendo nada de nada y disfrutando de ello. Seguí mi camino.



Llegué acelerado, había mucha gente, unas 10 mil personas se habían reunido para verlos, ya había iniciado el show (me perdí unos minutos en el camino, es posible que haya faltado algo de señalización en el forum) y tuve que conformarme con una posición retrasada donde se escuchara casi por igual el concierto y las conversaciones de gente que no debería haber estado conversando, y menos una tertulia larga y sostenida, que para eso hay un millón de bares en Barcelona. Bueno, al frente Victoria Legrand meneaba la cabeza completa golpeando el viento con su cabello suelto, como una especie de headbanger en cámara lenta, mientras ejecutaba su órgano mientras Alex Scally prácticamente ni se movía.  SIn embargo, ese dúo no estaba llegando a conectar a la audiencia.
Luego he leído cosas como “los sonidos de GiIa se elevaron hasta el cielo catalán y fui feliz”, “Beach House esta dando el mejor concierto del festival”, etc. Yo la verdad espero verlos en una mejor performance, espero verlos más cerca y espero que la gente no este tan borracha mientras suenan. Quizá un festival de estos no sea la mejor situación.


 


4o minutos después de llegar, me fui a ver a Wilco. Y medio festival hizo la migración. Si Beach House andaba lleno, Wilco era un hervidero. Debí estar nuevamente antes, pero carajo, no se puede. Créeme.
Cuando salió la banda, iniciaron su show, previa ovación de la fanaticada. Y empezó una canción cuyo estribillo dice “wilco, wilco” (lo sé, lo sé, no conozco todas las canciones de Wilco). Y en eso, pum! se apaga media banda y sólo queda la formidable batería que ahí desnuda mostraba una tremenda percusión muy americana que definitivamente hace que Wilco suene más a Wilco. Y ah, también queda Jeff Tweedy vivo.

Yo pensaba que así era la canción (lo sé, lo sé) porque el buen Jeff, en vez de mandar todo a la mierda, siguió cantando al ritmo de la percusión y de hecho invitó a la gente a acompañarlo en ese estribillo que no podía ser más fácil. Un par de minutos después, la banda entera revivió y ahí no pasó nada. Apuesto cualquier cosa que más de la mitad de la gente no se dio cuenta de tal percance.


Luego de ello, todo fue en un ascenso notable, estamos hablando de una banda que apuesta por lo clásico, y lo viene haciendo bien hace rato ya. Las canciones sonaban y cuando llegó por ejemplo a shot in the arm ya todos estábamos conectados como se debe, pues esa canción encendió a la gente como se encendieron todas las luces del escenario. Luego la intimidad de Jesus empezaba a maravillar a la mayoría, y cuando llegó Impossible Germany casi me pongo a llorar con la TREMENDA soleada de primera de Nels Cline. En serio, ese solo suena extremadamente brillante en vivo, la guitarra se crece hasta el infinito con el correspondiente fading del resto de la banda, y la energía se transmite hacia la audiencia que casi la quiere bailar. Quizá sea el solo más conmovedor que haya escuchado en un recital.



Cuando estaba de lo mejor el show de Wilco, luego de haberlo disfrutado casi una hora, tomé la decisión desafortunada de irme a ver a Panda Bear. Tú sabes que soy hincha acérrimo del Person Pitch, así que estaba sediento de una ración psicodélica del buen Noah frente a su controlador de ruidos y paisajes, es decir, la música que se esta haciendo últimamente. Entonces me fui algo cabizbajo del tumulto sabiendo que debería estar pasando como loco para desconectarme de tremendo recital. Yo estaba decidido, iba a disfrutar todo lo posible la bulla del oso panda.

Mientras me iba al escenario VIce, crucé la zona de las comidas, justo delante del escenario Pitchfork, en donde Japandroids estaban haciendo su ruido. El rebote era tan espectacular en ese trayecto que tuve que irme a verlos un rato. Les vi tocar un par de canciones que me parece eran del Post-Nothing, la verdad no estoy seguro de ello, y poco importa, pues lo que estaban haciendo era sencillamente demoledor. Luego de ese set, seguirían en lo suyo ya con la gente extasiada, pero yo debía irme. Mierda!



Sale el compadre, se pone frente a su órgano y dice: “lo siento chicos, hoy no habrá visuales”… bueno, no es que los hayamos estado esperando, de hecho solo queríamos música, habían unas 4 mil personas esperando eso, los visuales eran lo de menos.
Y entonces sucedió, mejor dicho, no sucedió. No sonó ninguna canción conocida, salvo la más “hueso” del Person Pitch. Entiendo que Noah nos enseñó, retó, machacó y jodió con su nueva producción, pero este festival definitivamente NO ERA un buen momento para hacerlo. La gente poco a poco se fue yendo.
”Thanks for listening” dijo al final, cabizbajo como siempre (creo), y listo. Se había consumado la decepción del festival. Antes de irme me le quedé mirando, estaba desconectando su equipo, quitando los cables cual plomo. Pensé que era el único músico “grande” a quien había visto hacer eso frente a la audiencia aún reunida.

Debí haberme quedado a vivir en el escenario San Miguel viendo a Wilco, ahí mismo tocaría Pixies enseguida. Pero me fui a Panda Bear, y cuando volví para PIxies, estaba otra vez atrás. Jodidamente atrás.

Pero no estaba dispuesto a dejar pasar a estos viejos desde una posición poco privilegiada. Esta vez me armé de una cerveza, y luego de pensarlo un poco, decidí irme con todo hacia lo más adelante posible. Eran Pixies quienes iban a tocar!

Empecé a ganar espacio, ya no miraba las caras ni pedía permiso, simplemente avanzaba con algo de vehemencia. Siento unos brazos sobre mí, pero le presto más atención a la cerveza que se iba derramando, acomodo y sigo pa’lante. Ahora esas manos me toman de la cintura, vuelvo la mirada, era una tipa un poco ebria quien se me enganchó viendo la situación, seguí hacia adelante. Segundos después le dije “ahora es tu turno de avanzar”, me tomó de la mano y me jaló frescamente en medio de las caras largas de la gente hacia una posición que yo no habría conseguido por mi mismo ni siquiera en ese estado de decisión. Fue una buena sociedad pienso. Ahora estábamos casi a 20 metros del escenario, cuando empezamos a 80, pero ella dijo que aún debíamos avanzar,  que era de Alicante y algunas cosas más. Le dije que ya estaba bien, que no quería problemas. Ella insistió, y yo me hice el loco. Ella se fue más adelante y se perdió por ahí, quizá tratando de jalar a otro, que se yo. Los Pixies salían al escenario y empezaban con Bone Machine.

No podía creer que Black Francis estuviera tan resinoso. De verdad, debieron ser las tetas más grandes del festival, encima su polo era casi transparente, Hubiera sido un chiste de mal gusto, sino fuera porque cantara tan de putamadre. En serio, de Putamadre. Luego, extrañé a Kim Deal, me hubiera gustado verla tocar me dije, y me lo dije hasta que me di cuenta que el tipo bajito y algo obeso que estaba al lado de Francis, con polo barato y medio sudado era en realidad

  Kim Deal. Palabra que era ella y no pensé que lo fuera al inicio. Una sonrisa de felicidad mezclada con asombro se me debió haber dibujado en el rostro.
Y luego toda la banda completita, un poco mayor, pero tan potente como siempre (o  nunca) regaló todititas sus canciones. Al comienzo parecía un especial del Doolittle, luego se empiezan a mezclar Surfer Rosas, un bloque en español, otro bloque veloz, Velouria (ver video), Trompes le mondes, en fin TODAS las clásicas de Pixies, así de simple, la banda nos dio todo lo que siempre tuvieron. Ahí donde Panda Bear se “sobró” con sus canciones, los Pixies dijeron “que carajo, que escuchen lo que quieren escuchar”. Francis sonó inmenso, una voz para todo Barcelona, Deal siempre sonreía, Santiago hería nuestros tímpanos con su inmensa guitarra chillona y Lovering disparaba al mundo toda su batería perfectamente calculada. Fue el concierto del día.

Aunque si tocaban Crackity Jones me desmadraba.

Se despiden contentos, como si estuvieran en su casa, los años difíciles quizá ya pasaron, quien sabe. Pero esas sonrisas eran de verdad de paz.



Yo también me despedía casi, pero antes debía ver a Yeasayer un rato. Eran casi 3 de la mañana y me fui a sentar a tribuna porque estaba bastante agotado después de unas 8 horas parado. El concierto estuvo de lo más normal, tanto que el propio vocalista dijo al final “hey, please have us back, we are really better than this”. Es todo lo que puedo decir de ellos. Supongo que no fue su mejor noche, son buenos parece, hacen cosas interesantes, pero a esas alturas creo que ya quería irme a casa. Aún faltaría el sábado y había que reunir fuerzas nuevamente.



TBC..

Read more...

03 mayo, 2010

The Stooges en La Riviera - Madrid


IMG_0233


El no ir pasó por mi cabeza ese viernes. Saliendo del trabajo no estaba de los mejores ánimos, no había un buen día y debía tomar el metro e irme a casa a cambiarme, que de ir a ver a los Stooges en camisa y zapatos formales habría de pasar por un desadaptado total. Eran como las 7:30 de la noche y hacía un sol que desinflaba el ánimo por alguna razón. Así es Madrid, y a la gente parece gustarle que el astro amarillo no se largue rápido.

Seguía cavilando en casa, hasta que en un momento y sin darle más vueltas dije: bueno, que carajo, vamos a rockear, total es viernes y aunque luego no tendré con quien echar unas cervezas voy a disfrutar esto todo lo que se pueda. Me puse los mocasines marrones con no muchos ánimos (diablos, aunque no lo creas no tenía muchos ánimos de ver al gran Iggy!) ropa algo conservadora y partí a la Riviera donde 2 semanas atrás vi a Sonic Youth en un show regular.

Mientras me comía una hamburguesa, mojándola con una aceptable Mahou, veía a la fauna punk aproximarse al recinto, era un espectáculo ver sus ropas, sus peinados, su actitud. Eran los hijos de la famosa movida rockera madrileña marchando ante la llamada de su gran padre musical. Eso me motivó.

Total que ya dentro, decidí irme hasta lo más adelante que pude. Alcancé estar a unos 15 metros del escenario y ahí me quedé de momento, pensaba sólo ver, distraerme y luego irme. El local estaba casi lleno, es decir, 2500 cabrones habían pagado 55 euros por sudar con las grandiosas canciones del Raw Power (la gira se llamada Raw Power Tour).

Salieron los viejos al escenario y la audiencia se prendió como grupo electrógeno en apagón. En especial cuando la iguana apareció con sus movimientos de contorsionista angustiado dando esporádicos saltos amorfos de joven drogado hasta las orejas que me dejaron la consulta de si Iggy aún le da a la aguja. Consulta inútil claro, pues nunca más que ahora resulta intrascendente esa pregunta. Ahora que este héroe del rock ya ha completado el camino de retorno mientras la mayoría anda por la ida.

Un setlist que incluya las canciones del incendiario Raw Power tiene garantizada una cosa: Un público excitado. Ni bien sonaron los acordes de la canción que da nombre al disco, la masa delantera empezó a moverse como placa tectónica y yo, en ese momento ambicionando un poco más de lo que inicialmente había propuesto, me adherí solapadamente a aquello para aparecer casi en la tercera fila. Estaba listo para poguear, mal vestido pero listo.

Una tras otra sonaron las canciones del disco, Iggy con sus acostumbradas salvajadas motivaba al público; le pedía que subiera al escenario, se rociaba cerveza en el cabello, ladraba al micrófono, se lanzaba a la audiencia delantera y tenía los pantalones casi en los huevos. Me acordé que el señor Pop tiene 63 años ya cuando estaba en casa, porque en el show, para todos, era un rockero excesivo más. Y todos fuimos algo así cuando una intrusa I wanna be your dog fue saltada por toda la Riviera.

Disfruté mucho ese show, y todos lo hicieron. La silbatina más ensordecedora que mis tímpanos hayan soportado se dio aquí, cuando todos pedían que la banda retornase a tocar probablemente no fun o TV eye. Días atrás un berrinche ligeramente más suave hizo que Sonic Youth retornara 3 veces a escena. (3 veces!). Pero esta vez no sucedió. Cuando la banda se despidió con un Iggy sonriente, no volvieron más.

Salí a caminar rumbo a casa por las calles, ya de noche al fin, pensando en lo mucho que me había divertido. Miraba hacia arriba y veía el palacio real iluminado señorialmente, hacia abajo estaban mis mocasines normalmente elegantes y ahora completamente pisoteados. ¡Qué bueno que vine! … le mandé un mensaje a una amiga diciéndole “qué gran show”, compré el polo negro de la gira para el recuerdo y tomé un taxi rumbo a casa.

Read more...

22 abril, 2010

Dan Deacon- Bromst

bromst USA - 2009

Obtuve mi título y mis viejos estuvieron ahí. Cuando exponía mi tema, ellos no entendían nada, mi madre sólo estaba atenta a mis gestos, mis movimientos de manos, mi postura. Mi padre, se esforzaba en entender, y creo que algo grabó. Estuve tranquilo, no fue complicado, pero eso si, por mucho menos yo me he puesto más nervioso.

Consideré que cuando sea viejo, deberé recordar estas épocas alborotadas, distraídas y memorables con la primera canción del querido Bromst: Build Voice. Entonces decidí musicalizar el video que el viejo me grabó en mi exposición. Al final de la edición noté que todas las explosiones electrónicas de esa canción no combinaban mucho con una imagen mía en terno y señalando el ecran en afán de convencimiento del jurado. Pero últimamente ya tengo flojera para buscar la canción ideal (¿recobraré la paciencia algún día?).

Y bien, así ha quedado, mi titulación tan ceremoniosa como poco útil, repintada psicodélicamente por un patrón musical de lo menos apropiado.

Pero es lo de siempre, nada es lo que parece, y nada debe parecerse a algo al fin. Todo es relativo. Por eso, en la propuesta de Deacon, me siento cómodo. Los coros chiflados de Paddling Ghost me liberan un rato, y los órganos ruidosos, monofónicos y eternos de Slow With Horns me hipnotizan. Por otro lado Woof Woof me hace pensar que a veces estoy perdiendo cierta objetividad, luego me olvido de ese pensamiento y me pongo a postear un texto que habla lo mucho que me gusta esa canción. No se.

Antes pensaba hacer cosas musicales que suenen a Massive Attack, ahora quiero hacer ruidos de mierda, molestar los tímpanos de los muchos y enamorar así a los menos. O quizá joder cánticos celestiales ya consagrados por otros y hacerlos chorrearse sobre el pentagrama para que sus cantores entiendan que lo suyo debe parir nuevos críos con las alas mojadas: wet wings.

Wikeo que Deacon tiene mil discos anteriores, y ya me jode saber que hay tanta música afuera y tan poco tiempo y vainas personales para sazonarlas y digerirlas.


Dan Deacon- Paddling Ghost

Read more...

  ©Template by Dicas Blogger.